Me pregunto si cuando te decides a escribir, porque realmente lo
sientes, lo haces con el fin de que alguien lo lea o simplemente tu cabeza
colapsa de tantas palabras que necesitas plasmarlas en algún lugar lejos de
ahí, en algún lugar inexistente, como este espacio…
¿Por qué será que los famosos artistas crean sus obras maestras
viviendo periodos tormentosos?, ¿Será por la necesidad estratosférica de sacar
todo ese “algo” que llevan dentro?, ¿Será porque el morbo nos lleva a adorar el
tormento plasmado?... o simplemente seguimos la corriente y decimos que adoramos un trabajo por el simple hecho que el resto lo hace y es lo correcto.
Crear textos que venden, es tan distinto a realmente escribir,
crear la emocionalidad para gestionar un acto por parte del lector, pasa a ser
un mecanismo insensible, que aún no me convenzo que por alguna razón lleve a la
acción… pero shhh! De eso no hay que hablar, eso me paga la luz y las teclas en
la que ahora escribo.
Quería escribir, quería divagar, quería mantener la mente en algún
lugar lejos de mi cabeza, quería que mi inconsciente hiciera mover mis dedos, y
que mi voz en algunos momentos hablara para escuchar lo que ahora escucho.
Recordé que en un momento antes de un viaje,
antes de un sueño, cree un lugar para plasmar mis experiencias, pero que en
ningún momento quise recordar y solo viví. Ahora, cuando la adrenalina esta en
un nivel más cercano a la tierra, recuerdo aquel lugar de autorecuerdo,
autoego, autosueños, autoservicio.
Vuelvo a las letras que vuelan y que no
venden

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